La cumbre reunió a los principales sectores del PJ y a gobernadores. El objetivo inmediato es coordinar una estrategia frente al intento del oficialismo de modificar el sistema electoral y, al mismo tiempo, avanzar hacia una mesa común con la mirada puesta en 2027.
En una señal política que busca dejar atrás, al menos por un momento, las diferencias internas, Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner volvieron a sentarse alrededor de una misma mesa. El encuentro, realizado en la Ciudad de Buenos Aires, reunió además a gobernadores y a los principales jefes parlamentarios del peronismo y tuvo como eje una definición que excede la coyuntura legislativa: cómo reconstruir una estrategia común frente al gobierno de Javier Milei.
La reunión se produjo en un momento especialmente sensible para la oposición. El oficialismo intenta avanzar en el Congreso con cambios en el régimen electoral, entre ellos la suspensión o eliminación de las PASO, mientras dentro del peronismo existe la necesidad de ordenar posiciones y evitar que las diferencias internas terminen favoreciendo la estrategia de La Libertad Avanza.
La fotografía de Kicillof, Massa y Máximo Kirchner juntos tiene, por eso, un valor político propio. Los tres dirigentes representan espacios que durante los últimos años atravesaron fuertes discusiones sobre liderazgo, estrategia electoral y conducción del peronismo. Volver a reunirlos supone, al menos, un intento de construir un punto de coincidencia.
Una mesa para contener las diferencias
El encuentro contó con la participación de cuatro gobernadores, entre ellos Ricardo Quintela, además de los jefes de los bloques peronistas en el Senado y la Cámara de Diputados. La composición de la reunión mostró que la discusión no quedó reducida a una negociación entre dirigentes bonaerenses, sino que buscó incorporar una mirada federal.
El primer desafío es parlamentario. El Gobierno necesita conseguir respaldo para avanzar con su agenda electoral, pero encuentra resistencias y un escenario en el que los gobernadores tienen capacidad para condicionar el resultado de las negociaciones. La discusión sobre las PASO se convirtió así en una prueba de fuerza entre el oficialismo y la oposición.
Para el peronismo, defender un mecanismo de internas abiertas también implica una discusión más profunda: quién define las candidaturas y de qué manera se resuelven las diferencias entre los distintos sectores.
No se trata solamente de una cuestión técnica. Detrás de las PASO aparece una disputa por el poder de decisión dentro de la principal fuerza opositora.
Kicillof, Massa y Máximo: tres caminos que buscan converger
La presencia de Kicillof, Massa y Máximo Kirchner tiene una lectura inevitable hacia 2027.
Kicillof aparece como uno de los dirigentes con mayor peso territorial dentro del peronismo y con una estructura política propia en la provincia de Buenos Aires. Massa, por su parte, conserva influencia dentro del Frente Renovador y mantiene una agenda política vinculada a la reconstrucción de una alternativa nacional. Máximo Kirchner representa al sector identificado con el kirchnerismo y mantiene un papel central dentro de la estructura partidaria bonaerense.
Durante los últimos años, esas tres líneas tuvieron diferencias profundas. El desafío actual consiste en determinar si pueden convivir dentro de una estrategia electoral común sin que ninguna de ellas pretenda imponerse de antemano.
Ese es probablemente el dato más relevante de la reunión: no hubo una definición sobre una candidatura presidencial, pero sí una señal de que existe voluntad de construir un espacio común.
La mirada puesta en 2027
El encuentro también permite leer el momento político desde una perspectiva más amplia. El peronismo comenzó a discutir cómo enfrentar a un Gobierno que ya piensa en la próxima elección presidencial y que, al mismo tiempo, busca ordenar su estrategia electoral.
La Casa Rosada pretende consolidar a La Libertad Avanza como una fuerza nacional y ampliar su presencia territorial. Para lograrlo necesita, entre otras cosas, construir acuerdos con gobernadores y garantizar un escenario electoral que le resulte favorable.
Frente a eso, la oposición tiene un problema inverso: cuenta con dirigentes, gobernadores y estructuras territoriales, pero necesita transformar esa diversidad en una estrategia política capaz de competir.
La reunión de Kicillof, Massa y Máximo Kirchner puede ser entendida como un primer paso en esa dirección.
Una unidad todavía en construcción
Sin embargo, sería apresurado hablar de una unidad definitiva. Las diferencias entre los distintos sectores del peronismo no desaparecieron por una reunión.
La disputa por el liderazgo, las candidaturas y el programa político continuará siendo uno de los principales obstáculos. También habrá que observar qué posición adoptan los gobernadores que no participaron del encuentro y cómo se articula la relación entre las estructuras nacionales y las realidades provinciales.
La unidad, en ese sentido, no será solamente una cuestión de fotografías. Deberá traducirse en acuerdos concretos, en una estrategia legislativa coordinada y, sobre todo, en una propuesta electoral capaz de ampliar la base de apoyo del peronismo.
Por ahora, la señal política es clara: los principales sectores del PJ entendieron que la fragmentación puede convertirse en una ventaja para el oficialismo y decidieron volver a conversar.
En un escenario donde Milei busca ordenar su propia estrategia rumbo a las próximas elecciones, el peronismo empieza a ensayar la suya. La reunión entre Kicillof, Massa y Máximo Kirchner no resuelve la interna, pero marca un cambio de clima: antes de discutir quién será el candidato, empieza a instalarse la necesidad de construir un espacio capaz de llegar unido a esa discusión.