Norberto Félix Galasso. facebook.com/norbertofelixgalasso

Murió Norberto Galasso, una vida dedicada a discutir la historia argentina

El historiador y ensayista murió a los 90 años en Buenos Aires. Discípulo de Arturo Jauretche y uno de los principales referentes del revisionismo histórico, construyó durante más de seis décadas una obra destinada a cuestionar los relatos tradicionales y recuperar a figuras relegadas por la historiografía oficial.

Norberto Galasso murió este lunes en Buenos Aires, a los 90 años. Con su partida desaparece una de las voces más persistentes del pensamiento nacional argentino: un historiador, ensayista y militante intelectual que convirtió la discusión sobre el pasado en una disputa por el presente.

Durante más de seis décadas, Galasso escribió, investigó y polemizó alrededor de una pregunta que atravesó toda su obra: quién cuenta la historia, desde dónde la cuenta y qué intereses quedan ocultos detrás de cada relato. Su producción estuvo vinculada al revisionismo histórico, al pensamiento nacional, al socialismo y al peronismo, con una mirada profundamente latinoamericanista.

Su muerte fue recibida como la despedida de una figura central para varias generaciones de lectores y militantes. Uno de los grandes referentes del revisionismo histórico y destacó especialmente su condición de discípulo de Arturo Jauretche y su permanente tarea de reivindicar a personajes despreciados o relegados por la historia oficial.

Una historia escrita desde otro lugar

Galasso perteneció a una tradición historiográfica que discutió la mirada liberal sobre la Argentina. Su trabajo buscó desplazar el centro de la narración histórica: allí donde los relatos tradicionales colocaban a las élites políticas, económicas y culturales, él procuró recuperar las voces populares, los movimientos nacionales y las experiencias latinoamericanas.

No se trataba, para Galasso, de mirar el pasado como una pieza de museo. La historia era una herramienta para comprender los conflictos del presente.

Por eso sus libros fueron también intervenciones políticas. Cada biografía, cada ensayo y cada reconstrucción histórica buscaba abrir una discusión sobre el país que había sido y, sobre todo, sobre el país que podía ser.

A lo largo de su trayectoria publicó más de 70 libros, construyendo una obra monumental que recorrió buena parte de la historia política argentina.

Jauretche, Perón y los nombres de una tradición

Entre las figuras que ocuparon un lugar central en sus investigaciones estuvieron Arturo Jauretche y Juan Domingo Perón.

La relación intelectual con Jauretche fue especialmente importante. Galasso reivindicó en numerosas oportunidades su mirada sobre la Argentina y su crítica a las formas de colonización cultural. En una de sus últimas entrevistas con Buenos Aires/12, recordó al autor de Los profetas del odio y habló de la profunda ternura con la que Jauretche observaba al país.

Esa conversación adquiere ahora un carácter casi testamentario. Página/12 señaló que, al reemplazar en aquella entrevista el apellido Jauretche por el de Galasso, muchas de las reflexiones parecen describir también al propio historiador recientemente fallecido.

Otro de sus trabajos fundamentales fue la monumental biografía de Juan Domingo Perón, una obra que condensó buena parte de sus preocupaciones históricas y políticas. Su producción sobre el peronismo buscó reconstruirlo no solamente como fenómeno electoral, sino como parte de una historia más amplia de las luchas sociales y nacionales argentinas.

El revisionismo como batalla cultural

El revisionismo histórico fue para Galasso mucho más que una corriente historiográfica. Fue una forma de discutir el poder.

La pregunta sobre quiénes aparecen como héroes, quiénes quedan condenados al olvido y qué episodios son presentados como inevitables atraviesa buena parte de la historia argentina. Galasso dedicó su vida a revisar esas categorías.

En ese camino recuperó personajes y procesos que consideraba marginados por el relato dominante. Su mirada puso especial énfasis en los movimientos populares, el nacionalismo democrático, el antiimperialismo y la integración latinoamericana.

Esa perspectiva también lo llevó a discutir con otras corrientes de la historiografía argentina. Galasso nunca buscó la neutralidad como punto de partida: escribía desde una posición política explícita y defendía la necesidad de que el conocimiento histórico estuviera conectado con los problemas concretos de la sociedad.

Una obra que siguió circulando

Incluso durante sus últimos años, Galasso continuó siendo una referencia para quienes buscaban otra manera de leer la historia argentina.

En julio de este año, Editorial Octubre anunció la reedición de tres de sus obras: Dos argentinas, Arturo Jauretche-Victoria Ocampo, El 17 de octubre de 1945 y De Perón a Kirchner. La recuperación editorial de esos trabajos mostraba que su obra seguía circulando y generando interés décadas después de sus primeras publicaciones.

El dato tiene un valor particular. Galasso no pertenece solamente a una generación política determinada. Sus libros continuaron siendo utilizados como herramientas de formación, discusión y divulgación histórica.

El hombre detrás de los libros

Quienes lo conocieron destacan también su enorme capacidad para conversar, discutir y transmitir ideas. Su producción intelectual no estuvo separada de la militancia cultural.

Galasso entendía que divulgar también era una forma de intervenir. Por eso escribió para públicos amplios y buscó que los debates históricos salieran de los ámbitos académicos para llegar a lectores que muchas veces no tenían acceso a las discusiones especializadas.

Esa vocación explica, en buena medida, la dimensión de su legado. Su obra ayudó a que generaciones de argentinos se preguntaran por los personajes y acontecimientos que habían quedado fuera de los relatos más difundidos.

Una ausencia difícil de reemplazar

La muerte de Galasso deja un vacío en el campo del pensamiento nacional. Página/12 recogió testimonios que sintetizaron esa sensación con una frase contundente: “Va a costar mucho llenar ese espacio”.

La frase no alude solamente a la desaparición física de un historiador. También señala la pérdida de una forma de entender la tarea intelectual: investigar, escribir y discutir sin separar la historia de las grandes preguntas políticas de la Argentina.

Galasso dedicó su vida a combatir el olvido. Recuperó nombres, revisó episodios y cuestionó versiones establecidas. Lo hizo convencido de que el pasado nunca está definitivamente cerrado y de que cada generación tiene derecho —y también la obligación— de volver a preguntarse de dónde viene.

A los 90 años, Norberto Galasso se fue dejando una biblioteca extensa y una discusión todavía abierta.

Su legado no está solamente en los más de setenta libros que escribió. Está también en una pregunta que seguirá incomodando a quienes pretendan contar la historia argentina como si hubiera una única manera posible de hacerlo: quiénes fueron los protagonistas que quedaron afuera y por qué.

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