Luz roja para el dolor de rodilla: cómo funciona, qué dice la ciencia y cuáles son sus riesgos

Luz roja para el dolor de rodilla: cómo funciona, qué dice la ciencia y cuáles son sus riesgos

La fotobiomodulación, conocida como terapia de luz roja o láser de baja intensidad, se estudia como alternativa para aliviar el dolor asociado a la artrosis de rodilla. Los resultados son prometedores, aunque los especialistas advierten que todavía no reemplaza los tratamientos convencionales.

Una luz de baja intensidad aplicada sobre la zona dolorida puede parecer una solución sencilla frente a un problema tan frecuente como el dolor de rodilla. Sin embargo, detrás de esta técnica existe una terapia conocida como fotobiomodulación, que utiliza determinadas longitudes de onda de luz roja o infrarroja cercana con fines terapéuticos.

El objetivo es estimular respuestas biológicas en los tejidos y disminuir determinados procesos vinculados con el dolor y la inflamación. En los últimos años, distintos estudios analizaron su utilidad en personas con artrosis de rodilla, aunque los resultados todavía no permiten considerarla una solución definitiva. 

¿Cómo funciona la luz roja?

La fotobiomodulación utiliza fuentes de luz de baja intensidad que se aplican directamente sobre la zona afectada. A diferencia de otros procedimientos con láser, no busca cortar ni destruir tejido.

La hipótesis científica es que determinadas longitudes de onda pueden interactuar con estructuras celulares y favorecer procesos relacionados con la producción de energía celular y la respuesta de los tejidos. Esto podría contribuir a reducir la percepción del dolor y mejorar algunos síntomas.

Los protocolos estudiados son muy diferentes entre sí: varían las longitudes de onda, la potencia, la dosis, el tiempo de aplicación y la cantidad de sesiones. Esa heterogeneidad es justamente uno de los problemas que dificultan establecer una recomendación universal. 

¿Realmente puede aliviar el dolor de rodilla?

La evidencia disponible muestra resultados alentadores, pero no definitivos.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 analizó diez estudios con un total de 542 participantes con artrosis de rodilla. Los investigadores encontraron una reducción estadísticamente significativa del dolor en reposo frente al placebo, aunque calificaron como muy baja la certeza de la evidencia. Por esa razón, concluyeron que la fotobiomodulación podría utilizarse como complemento, pero no recomendaron su utilización aislada como tratamiento principal. 

Otro ensayo clínico publicado en 2025 también encontró reducciones significativas del dolor y mejoras en determinados indicadores funcionales después de aplicar fotobiomodulación en pacientes con artrosis de rodilla. 

Sin embargo, la evidencia no es uniforme. Un ensayo clínico con 127 personas encontró que agregar fotobiomodulación a un programa de ejercicios de fortalecimiento no produjo beneficios adicionales frente al ejercicio acompañado de una intervención placebo. 

En otras palabras, la luz roja puede ayudar a algunas personas, pero todavía no está demostrado que sea superior a las estrategias terapéuticas convencionales.

¿Qué beneficios se investigan?

Los principales objetivos de esta terapia en la rodilla son:

  • Reducir la intensidad del dolor.

  • Disminuir determinadas molestias asociadas a la artrosis.

  • Favorecer la movilidad.

  • Mejorar la capacidad funcional.

  • Complementar programas de rehabilitación y ejercicio.

Una revisión de estudios sobre distintas modalidades de terapia con luz encontró resultados favorables especialmente para el dolor, aunque señaló que la calidad de la evidencia sigue siendo limitada y que se necesitan estudios más rigurosos.

¿Tiene riesgos?

Una de las características de la fotobiomodulación es que se trata de una técnica no invasiva. En los estudios clínicos disponibles no aparecen grandes problemas de seguridad como los asociados a procedimientos quirúrgicos.

Pero esto no significa que cualquier dispositivo de luz roja sea automáticamente seguro o eficaz.

La dosis, la longitud de onda y el tiempo de exposición son variables importantes. Utilizar un equipo sin conocer sus características o aplicar una dosis incorrecta puede hacer que el tratamiento sea ineficaz y, dependiendo del dispositivo y de la exposición, generar efectos adversos.

Además, es importante proteger los ojos cuando el procedimiento utiliza fuentes de luz que pueden resultar perjudiciales para la visión. Por eso, la aplicación debería realizarse siguiendo las indicaciones del fabricante y, preferentemente, bajo supervisión de un profesional capacitado.

No reemplaza al ejercicio ni al tratamiento médico

Uno de los principales riesgos de presentar la luz roja como una solución milagrosa es que una persona con dolor de rodilla abandone tratamientos que sí cuentan con mayor respaldo científico.

En la artrosis de rodilla, el abordaje suele incluir estrategias como ejercicio terapéutico, fortalecimiento muscular, control del peso cuando corresponde, educación del paciente y otras alternativas indicadas de acuerdo con cada caso.

De hecho, investigaciones que analizaron la combinación de fotobiomodulación y ejercicio muestran resultados contradictorios: algunos trabajos encontraron una reducción adicional del dolor, mientras otros no observaron ventajas significativas frente al ejercicio por sí solo. 

Una alternativa que todavía está bajo estudio

La luz roja representa una alternativa interesante dentro de las terapias físicas para el dolor musculoesquelético, pero la evidencia científica todavía está evolucionando.

El problema principal no parece ser únicamente determinar si funciona, sino también establecer para quién funciona, qué longitud de onda utilizar, qué dosis administrar, durante cuánto tiempo y con qué frecuencia.

Por eso, antes de adquirir un dispositivo doméstico o comenzar sesiones por cuenta propia, resulta recomendable consultar con un médico, kinesiólogo o fisioterapeuta que pueda determinar primero la causa del dolor.

La fotobiomodulación puede tener un lugar como tratamiento complementario, pero por ahora la ciencia invita a evitar promesas exageradas: puede ayudar a aliviar el dolor en determinados pacientes, pero todavía no existe evidencia suficiente para considerarla una cura de la artrosis de rodilla ni un reemplazo de los tratamientos convencionales

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