Actriz, escritora y guionista, Donna Tefa Sanguinetti se convirtió en una de las voces creativas detrás de dos producciones que abrieron conversaciones muy diferentes sobre la cultura popular argentina: Barreda, la película que reconstruye el crimen de Ricardo Barreda, y Moria, la serie de Netflix sobre Moria Casán. En ambos proyectos, su mirada aparece como una forma de discutir los relatos instalados y devolverles complejidad a personajes que durante años fueron contados desde lugares estereotipados.
Hay algo de paradoja en el recorrido de Donna Tefa Sanguinetti. Una artista que comenzó a construir su voz desde el teatro independiente terminó participando en dos producciones audiovisuales de enorme exposición pública. En una, se enfrentó a uno de los crímenes más recordados de la Argentina. En la otra, ayudó a contar la vida de una mujer convertida en mito de la cultura popular.
En ambos casos aparece una misma preocupación: quién cuenta una historia y desde qué lugar la cuenta.
Tefa como actriz y escritora y pone el foco en su participación como guionista en Barreda y en la serie Moria. Su recorrido artístico permite leer esos trabajos no solamente como encargos profesionales, sino como parte de una búsqueda personal por ampliar las representaciones de los cuerpos y las identidades trans dentro de la ficción argentina.
Del teatro independiente al streaming
Donna Tefa nació en 1994 en Junín. A los 18 años terminó el secundario y se trasladó a Buenos Aires. Allí comenzó una etapa de descubrimientos personales y artísticos que terminaría llevándola al teatro, la escritura y posteriormente al audiovisual.
Estudió Artes Dramáticas en la Universidad Nacional de las Artes y se vinculó con grupos jóvenes de dramaturgia y producción teatral. Uno de ellos fue la denominada Selección Sub-23, un colectivo que trabajaba con obras de una sola función: se escribían, se montaban y se descartaban el mismo día.
La experiencia terminó siendo una verdadera escuela.
Más adelante, junto con otros artistas, formó Estudio QP —Estudio Quién Paga—, una mesa de guionistas dedicada a escribir colectivamente. Allí comenzó a consolidarse una práctica que luego trasladaría a proyectos de mayor escala.
El salto al cine llegó con Barreda, dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín. El guion fue desarrollado por Tamara Talesnik, Juan Cavoti, Donna Tefa Sanguinetti y Josefina Licitra, entre otros aportes.
Contar a Barreda sin convertirlo en héroe
La película parte de uno de los casos policiales más conocidos de la historia argentina: el odontólogo Ricardo Barreda asesinó en 1992 a su esposa, su suegra y sus dos hijas.
Pero el desafío de los guionistas no consistía simplemente en reconstruir el crimen.
Había otro problema: durante años, la historia había circulado alrededor de la figura del asesino. Barreda había conseguido incluso transformarse, para determinados sectores de la sociedad, en una suerte de personaje popular, atravesado por el morbo y por una interpretación que intentaba explicar el crimen a partir de la supuesta conducta de las mujeres asesinadas.
El trabajo de Tefa y del equipo de guionistas buscó discutir precisamente esa mirada.
Investigaciones periodísticas y testimonios de personas cercanas a las víctimas fueron fundamentales para reconstruir a esas mujeres y cuestionar la versión que durante años había quedado instalada. El objetivo era recuperar sus vidas antes del crimen y mostrar que no eran simples personajes secundarios en la historia del hombre que las asesinó.
La directora Daniela Goggi explicó que uno de los motivos para transformar el proyecto original en una ficción fue justamente la ausencia del relato de las víctimas. La película construye así un relato en dos tiempos: el juicio oral y el pasado familiar, que permite poner en cuestión la versión de Barreda.
La elección del título también resulta significativa. Barreda lleva el nombre del asesino, pero la película intenta desmontar la centralidad simbólica que durante años tuvo esa figura.
Cuando el pasado vuelve a discutir con el presente
El estreno de la película volvió a abrir una discusión incómoda.
Un comentario publicado en redes sociales llegó a justificar parcialmente al asesino a partir de detalles domésticos mostrados en una escena del filme. Tefa salió públicamente al cruce y cuestionó que todavía existan discursos capaces de encontrar una explicación o una justificación para el asesinato de cuatro mujeres.
La polémica confirmó algo que la película ya había puesto en evidencia: la historia de Barreda no pertenece solamente al pasado.
También habla del presente.
Habla de cómo se construyen los relatos sobre la violencia de género, de qué manera se juzga a las víctimas y de la facilidad con la que un femicida puede convertirse en personaje mientras las mujeres asesinadas quedan relegadas a una nota al pie.
Después llegó Moria
En junio de 2025, Tefa se incorporó al equipo de la serie Moria, creada y dirigida por Javier Van de Couter. Allí compartió el trabajo de guion con Van de Couter y otros autores para reconstruir distintas etapas de la vida de Moria Casán.
La serie, estrenada en Netflix en agosto de 2026, recorre diferentes momentos de la vida de la diva y utiliza distintas actrices —Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth— para representar distintas etapas de su vida.
El desafío era enorme.
Moria no es solamente una persona. Es un personaje construido durante décadas.
Es una mujer, una actriz, una vedette, una conductora, una figura televisiva y, sobre todo, una marca cultural.
Tefa tuvo que trabajar con una voz que millones de argentinos reconocen inmediatamente.
Pero también debía encontrar aquello que ocurre cuando las cámaras se apagan.
Según contó, uno de los aspectos más interesantes del trabajo fue imaginar a Moria en situaciones íntimas, lejos del personaje público y de sus frases conocidas.
La mirada queer sobre un ícono popular
La relación entre Moria Casán y la comunidad LGBT ocupa también un lugar particular en la lectura de Tefa.
Moria se convirtió con el tiempo en un ícono queer sin que necesariamente ese proceso hubiera sido diseñado deliberadamente. Su extravagancia, su libertad corporal, su forma de hablar y su capacidad para desafiar las convenciones del espectáculo construyeron una identificación que trascendió su propio personaje.
La serie explora parte de esa dimensión.
Y allí la presencia de Tefa como guionista introduce una mirada particular: la de una artista trans que no observa el fenómeno desde afuera, sino desde una experiencia cultural atravesada por esas mismas disputas sobre identidad, cuerpo y representación.
Batato Barea: el encuentro de dos mundos
Pero quizás el momento más significativo de esta doble participación artística ocurre cuando Tefa deja de estar detrás de la escritura y aparece delante de la cámara.
En Moria, interpreta a Batato Barea.
La escena recrea el encuentro entre Moria y el artista under en el programa A la cama con Moria. Batato fue una de las figuras fundamentales del underground porteño de los años 80 y su aparición televisiva representa uno de esos momentos en los que la cultura alternativa y el espectáculo masivo se encontraron.
La elección de Tefa para interpretarlo tiene además una dimensión simbólica.
Batato y Tefa nacieron en Junín. Y la actriz contó que mientras trabajaba en el capítulo en el que el personaje aparece junto a Moria atravesaba también un proceso personal de enorme importancia.
Las coincidencias hicieron que aquella interpretación adquiriera para ella un significado particular.
La escena terminó convirtiéndose en uno de los momentos más comentados de la serie.
No solamente porque recupera a un artista fundamental de la cultura under, sino porque vuelve a poner en pantalla una historia que podría haberse perdido para las nuevas generaciones.
Otra manera de imaginar los cuerpos trans
La importancia del trabajo de Tefa excede, entonces, la aparición puntual en dos producciones exitosas.
Su planteo es más ambicioso.
La guionista sostiene que las historias protagonizadas por personas trans no deberían quedar confinadas a la victimización, la violencia o la tragedia. También deberían existir personajes trans atravesados por el deseo, el humor, el amor, el conflicto, la aventura y todas aquellas dimensiones que conforman cualquier vida humana.
Es una discusión sobre representación.
Pero también sobre imaginación.
Porque durante mucho tiempo el cine y la televisión construyeron personajes trans desde una mirada externa, muchas veces asociada exclusivamente al sufrimiento. La propuesta de Tefa consiste en ampliar ese horizonte.
Que una persona trans pueda ser protagonista de una comedia romántica.
Que pueda enamorarse.
Que pueda equivocarse.
Que pueda ser divertida.
Que pueda ser deseada.
Que pueda ser simplemente un personaje.
Una carrera que recién comienza
Entre el teatro independiente, la escritura, el cine y las plataformas de streaming, Donna Tefa construyó un recorrido que todavía está en expansión.
Su participación en Barreda la colocó frente a una historia marcada por la violencia y por la disputa alrededor de la memoria de las víctimas.
Su trabajo en Moria la llevó al territorio opuesto: el de una diva que convirtió su propia vida en espectáculo.
Entre ambos extremos aparece una misma pregunta.
¿Quién tiene derecho a contar una historia y qué cambia cuando quien la cuenta aporta una experiencia que antes estaba ausente?
Tefa parece haber encontrado allí su lugar.
No necesariamente como una voz que pretende hablar por toda la comunidad trans, sino como una artista que busca abrir una puerta para que existan otras historias.
Historias menos previsibles.
Más contradictorias.
Más divertidas.
Más humanas.
Y quizás allí esté la verdadera importancia de su trabajo: no solamente en haber participado de dos producciones que hablan de personajes conocidos, sino en comenzar a modificar, desde adentro de la industria audiovisual, quiénes pueden escribir, quiénes pueden actuar y, sobre todo, qué historias estamos dispuestos a imaginar.