Económicas, fáciles de preparar y ofrecen un resultado lleno de sabor. Las patitas de pollo a la portuguesa forman parte de ese recetario tradicional que pasó de generación en generación y que todavía hoy sigue ocupando un lugar privilegiado en la mesa familiar.
La clave de este plato está en una cocción pausada, donde las presas de pollo se impregnan del jugo que desprenden los tomates, los morrones y las cebollas, formando una salsa casera ideal para acompañar con arroz blanco, puré de papas o un buen trozo de pan.
Además de ser una opción rendidora, permite aprovechar ingredientes básicos que casi siempre están disponibles en la cocina.
Ingredientes
Para 2 porciones se necesita:
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4 patitas de pollo.
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2 cebollas.
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2 tomates maduros.
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1 morrón rojo.
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1 morrón verde.
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Aceite de girasol o de oliva, cantidad necesaria.
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Sal.
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Pimienta.
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Pimentón, orégano y ají molido (opcionales, a gusto).
Paso a paso
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Secar las patitas de pollo y condimentarlas con sal y pimienta.
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Calentar una sartén amplia o una cacerola con un chorro de aceite y sellar las presas por ambos lados hasta que tomen un color dorado. Retirarlas y reservar.
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Cortar las cebollas en pluma, los morrones en tiras y los tomates en cubos o gajos.
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En la misma sartén rehogar primero las cebollas y luego incorporar los morrones. Cocinar durante unos minutos hasta que comiencen a ablandarse.
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Agregar los tomates y mezclar para que empiecen a deshacerse y formen una salsa natural.
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Volver a incorporar las patitas de pollo sobre la preparación.
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Cocinar a fuego medio con la sartén tapada entre 20 y 30 minutos, hasta que el pollo esté completamente cocido y la salsa haya reducido. Si fuera necesario, añadir un pequeño chorro de agua o caldo durante la cocción.
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Rectificar la sal, sumar orégano o pimentón si se desea y servir bien caliente acompañado de arroz, puré o papas al horno.
Un plato con historia
Aunque su nombre remite a Portugal, esta preparación se volvió un clásico de la cocina casera argentina gracias a la influencia de los inmigrantes portugueses y españoles. Con el paso de los años fue adoptando distintas variantes según la región y los ingredientes disponibles, pero siempre conservó su esencia: pollo cocinado lentamente junto a tomates, cebollas y morrones hasta obtener una salsa abundante y llena de sabor.
Su popularidad se explica por la combinación de ingredientes sencillos y de bajo costo con una técnica de cocción que potencia los sabores sin necesidad de preparaciones complejas. Es una receta ideal para quienes buscan un almuerzo o cena reconfortante, perfecta para compartir en familia y que, como suele ocurrir con los buenos guisos, resulta incluso más sabrosa al día siguiente.